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No era drama, era violencia

No era drama, era violencia

Crédito de imagen: ChatGPT

Resumen:
Esta charla busca acercar a las juventudes al estudio de la psicología y las violencias desde un enfoque dinámico, actual y cercano a sus experiencias cotidianas. A partir de temas como las relaciones afectivas, las emociones, las redes sociales, la salud mental y las “red flags”, se reflexionará sobre cómo muchas conductas normalizadas pueden representar distintas formas de violencia que afectan el bienestar emocional y social. Asimismo, se presentará a la psicología como un campo de estudio dentro de la ciencia que permite comprender el comportamiento humano, las emociones y las dinámicas sociales, contribuyendo al análisis, prevención y transformación de las violencias en distintos contextos.

Palabras clave: psicología, violencias, relaciones afectivas, emociones, redes sociales, salud mental

Materiales complementarios:

El evento está terminado.

Fecha

Jul 10 2026

20 comentarios en “No era drama, era violencia”

  1. Hola muy buenas tardes, muy interesante su tema la verdad, ¿Cree que las nuevas generaciones están más preparadas para identificar la violencia que las anteriores, o simplemente ahora se habla más del tema? ¿Por qué?

    • Qué buena pregunta. Yo creo que ocurren ambas cosas.
      Por un lado, hoy tenemos mucha más información. En redes sociales, en la escuela, en campañas de prevención e incluso en conversaciones como esta, hablamos de temas que hace algunas décadas casi no se mencionaban.
      Pero eso no siempre fue así. Durante gran parte del siglo XX, la violencia, sobre todo la que ocurría dentro de las familias o en las relaciones de pareja, se consideraba un asunto privado. Se pensaba: “Eso es un problema de la casa y nadie debe meterse”. Entonces muchas personas vivían violencia y ni siquiera sabían que eso tenía un nombre o que podían pedir ayuda.
      Les voy a poner un ejemplo. ¿Alguien ha escuchado hablar del 25 de noviembre? ¿han visto o escuchado campañas en ese marco en la escuela o en redes? Ese día no surgió de la nada. En 1981, hace 45 años, durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, realizado en Colombia, un grupo de mujeres propuso que el 25 de noviembre fuera un día para hablar de la violencia contra las mujeres, en memoria de las hermanas Mirabal, tres mujeres dominicanas asesinadas por defender la democracia. Si tienen oportunidad, búsquenlas en Google; su historia es muy interesante.
      Y fue hasta 1999, es decir, hace 27 años, cuando la Organización de las Naciones Unidas dijo: ¡Este tema es tan importante que debe reconocerse en todo el mundo¡ y declaró oficialmente el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
      Entonces, imagínense, llevamos menos de 30 años hablando de este tema de manera global. Es muy poco tiempo si pensamos que durante siglos muchas formas de violencia estuvieron normalizadas.
      Por eso digo que hoy las nuevas generaciones tienen más herramientas para identificar la violencia. Sin embargo, todavía seguimos escuchando frases como: ¡Si te cela es porque te quiere!, ¡Así son todas las parejas! o ¡No exageres! Eso nos demuestra que todavía hay cosas que necesitamos desaprender.
      La buena noticia es que hoy ustedes tienen algo que generaciones anteriores no tenían con tanta facilidad: información. Y la información nos ayuda a identificar, prevenir y romper ciclos de violencia antes de que sea demasiado tarde.

  2. ¿Cómo influye la salud mental en la manera en que una persona ejerce o tolera violencia?

    • Buenas tardes!
      ¿Cuál sería las principales alternativas o movimientos que iniciaría para poder cambiar estas ideas de violencias normalizadas en personas qué aún no ven la gravedad de ésta situación?

    • Holi buenas tardes, mi pregunta es sobre el caso actual del voto en Estados Unidos, donde se dice que el movimiento trad wife hizo que las mujeres quisieran renunciar a su voto, mi pregunta es si esto podría considerarse un tipo de violencia de mujeres hacia otras, ya que ellas están expresando su opinion, pero también pueden perjudicar a otras mujeres.

    • Qué buena pregunta. Primero quiero decir algo muy importante: tener un problema de salud mental no convierte a una persona en violenta. Eso es un mito. La gran mayoría de las personas con un trastorno de salud mental no ejercen violencia; de hecho, muchas veces son quienes la viven.
      Ahora bien, la salud mental sí influye en la forma en que nos relacionamos con los demás. Imaginen a una persona que vive con mucho estrés, ansiedad, enojo o frustración y que nunca aprendió a expresar lo que siente o a resolver conflictos. Si además creció en un ambiente donde los gritos, los insultos o los golpes eran normales, es más probable que repita esas conductas. No porque su salud mental la obligue, sino porque aprendió esa forma de relacionarse.
      Desde la psicología hay un modelo que nos ayuda a entender esto: el Triángulo de la Violencia, de Johan Galtung. Él explica que la violencia no es solo el golpe o el insulto. Esa es la parte visible. Debajo existen la violencia cultural, que son las ideas que justifican la violencia, como decir “si te cela es porque te quiere”, y la violencia estructural, que son las desigualdades, la discriminación o la falta de oportunidades. Todo ese contexto también impacta nuestra salud mental y la manera en que aprendemos a relacionarnos.
      Pero también ocurre lo contrario. Cuando una persona vive violencia durante mucho tiempo, su salud mental puede verse afectada. Puede perder la autoestima, sentir miedo, ansiedad o pensar que no merece algo mejor. Y eso puede hacer que le cueste trabajo poner límites o salir de una relación violenta.
      Entonces, la relación va en ambos sentidos: la violencia deteriora la salud mental y una salud mental afectada puede hacer más difícil reconocer, enfrentar o romper ciclos de violencia. Por eso, prevenir la violencia también significa aprender a cuidar nuestras emociones, pedir ayuda cuando la necesitamos y construir relaciones basadas en el respeto y el consentimiento.

      • En este apartado les respondere las preguntas de Jose Emiliano, Sonia y Hannia.

        Todas las preguntas son muy buenas e interesantes, en el caso de la primera pregunta:

        1. ¿Cómo influye la salud mental en la manera en que una persona ejerce o tolera violencia?

        Primero quiero decir algo muy importante: tener un problema de salud mental no convierte a una persona en violenta. Eso es un mito. La gran mayoría de las personas con un trastorno de salud mental no ejercen violencia; de hecho, muchas veces son quienes la viven.
        Ahora bien, la salud mental sí influye en la forma en que nos relacionamos con los demás. Imaginen a una persona que vive con mucho estrés, ansiedad, enojo o frustración y que nunca aprendió a expresar lo que siente o a resolver conflictos. Si además creció en un ambiente donde los gritos, los insultos o los golpes eran normales, es más probable que repita esas conductas. No porque su salud mental la obligue, sino porque aprendió esa forma de relacionarse.
        Desde la psicología hay un modelo que nos ayuda a entender esto: el Triángulo de la Violencia, de Johan Galtung. Él explica que la violencia no es solo el golpe o el insulto. Esa es la parte visible. Debajo existen la violencia cultural, que son las ideas que justifican la violencia, como decir “si te cela es porque te quiere”, y la violencia estructural, que son las desigualdades, la discriminación o la falta de oportunidades. Todo ese contexto también impacta nuestra salud mental y la manera en que aprendemos a relacionarnos.
        Pero también ocurre lo contrario. Cuando una persona vive violencia durante mucho tiempo, su salud mental puede verse afectada. Puede perder la autoestima, sentir miedo, ansiedad o pensar que no merece algo mejor. Y eso puede hacer que le cueste trabajo poner límites o salir de una relación violenta.
        Entonces, la relación va en ambos sentidos: la violencia deteriora la salud mental y una salud mental afectada puede hacer más difícil reconocer, enfrentar o romper ciclos de violencia. Por eso, prevenir la violencia también significa aprender a cuidar nuestras emociones, pedir ayuda cuando la necesitamos y construir relaciones basadas en el respeto y el consentimiento.

        Para la siguiente pregunta:

        2. ¿Cuál sería las principales alternativas o movimientos que iniciaría para poder cambiar estas ideas de violencias normalizadas en personas qué aún no ven la gravedad de ésta situación?

        El cambio no ocurre diciéndole a una persona que está mal, sino ayudándole a reflexionar sobre lo que considera normal. Si alguien ha escuchado toda su vida frases como ‘los celos son una prueba de amor’ o ‘así educaban antes’, es muy difícil que de un día para otro cambie de opinión.

        Por eso, en ECOSUR trabajamos desde la prevención y la educación. En la Unidad de Igualdad de Género e Inclusión realizamos talleres, cursos, pláticas y campañas para que las personas puedan identificar conductas que antes parecían normales, pero que en realidad son formas de violencia o discriminación. También capacitamos a estudiantes, personal académico, administrativo y comunidades para promover relaciones basadas en el respeto, la igualdad y la inclusión.

        Además, investigamos. Desde la psicología generamos evidencia sobre cómo se manifiesta la violencia, cuáles son sus causas y qué estrategias funcionan para prevenirla. Porque no basta con decir ‘no a la violencia’; necesitamos comprender por qué ocurre para poder transformarla.

        Creo que el cambio empieza con una conversación como esta. Cuando una persona cuestiona una idea que siempre creyó normal, ya dimos el primer paso. Y si esa persona comparte ese aprendizaje con su familia, sus amistades o su comunidad, el cambio empieza a multiplicarse.

        Y finalmente en la tercera pregunta: sobre el caso actual del voto en Estados Unidos, donde se dice que el movimiento trad wife hizo que las mujeres quisieran renunciar a su voto, mi pregunta es si esto podría considerarse un tipo de violencia de mujeres hacia otras, ya que ellas están expresando su opinion, pero también pueden perjudicar a otras mujeres.

        Si un movimiento promueve que las mujeres renuncien a derechos que otras generaciones lucharon por conseguir, como el derecho al voto, al trabajo o a la educación, esa postura puede tener consecuencias para muchas mujeres, aunque quienes la defienden crean que están haciendo lo correcto.

        Desde la psicología hablamos de la violencia cultural, que son las ideas, creencias o mensajes que hacen que ciertas desigualdades parezcan normales o incluso deseables. No significa que quien comparte esas ideas esté ejerciendo violencia de forma directa, pero sí es importante reflexionar sobre el impacto que pueden tener en otras personas y en la sociedad.

        Entonces, yo les haría una pregunta: ¿esa idea amplía la libertad de las personas o la limita? ¿Permite que cada quien decida cómo quiere vivir o busca que todas las personas vivan de una sola manera? Ahí empieza el pensamiento crítico.

        Y algo muy importante: defender que una mujer quiera dedicarse al hogar es tan válido como defender que otra quiera estudiar, trabajar o dedicarse a la ciencia. La igualdad no consiste en que todas hagan lo mismo; consiste en que todas puedan elegir libremente, sin imposiciones y sin perder derechos.

        Si les interesa reflexionar sobre este tema, les recomiendo ver la serie El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale). Aunque es una obra de ficción, plantea una pregunta muy poderosa: ¿qué pasaría si poco a poco las mujeres fueran perdiendo derechos que hoy damos por sentados? La serie muestra cómo esos cambios no ocurren de un día para otro, sino que empiezan cuando ciertas ideas se normalizan y dejan de cuestionarse. Es un buen ejercicio para pensar por qué es importante proteger los derechos humanos y la libertad de decidir de todas las personas. Esta en Netflix, echenle un ojito.

  3. Buenas tardes!
    ¿Cuál sería las principales alternativas o movimientos que iniciaría para poder cambiar estas ideas de violencias normalizadas en personas qué aún no ven la gravedad de ésta situación?

    • Empezaría con algo muy sencillo: dejar de decir, así son las cosas. Muchas formas de violencia siguen existiendo porque las normalizamos y dejamos de cuestionarlas.

      El primer movimiento sería la educación. Entre más aprendemos sobre nuestros derechos, sobre el consentimiento, el respeto y las relaciones sanas, más fácil es identificar cuando algo no está bien.

      El segundo sería el diálogo. No se trata de pelear con quien piensa diferente, sino de hacer preguntas que inviten a reflexionar. Por ejemplo: ¿Cómo te sentirías si eso te pasara a ti? o ¿Crees que eso demuestra amor o control? Muchas veces las personas cambian cuando empiezan a ponerse en el lugar del otro.

      El tercero sería el ejemplo. Si queremos un mundo con menos violencia, debemos empezar por nuestras propias acciones: respetar un No, no hacer bromas que humillen, no compartir fotos sin permiso, no justificar los celos como una prueba de amor y defender a quien está siendo maltratado.

      Y el cuarto sería no guardar silencio. Si vemos que un amigo o una amiga está viviendo violencia, podemos acercarnos, escuchar sin juzgar y acompañarlo para que busque ayuda. No tenemos que resolver el problema, pero sí podemos ser la persona que haga la diferencia.

      Les puedo decir que los grandes cambios sociales no empiezan con una ley, sino con un cambio de ideas. Hace años era normal fumar en hospitales, no usar cinturón de seguridad o pensar que la violencia en la familia era un asunto privado. Hoy sabemos que eso no está bien porque la sociedad aprendió, cuestionó y cambió. Con la violencia pasa lo mismo. Cada generación tiene la oportunidad de construir una cultura diferente. Y yo creo que ustedes pueden ser esa generación que deje de normalizar la violencia y empiece a normalizar el respeto, la empatía y la igualdad.

  4. Me quedo otra pregunta
    ¿Y que pasaría si la víctima no dijo nada en su tiempo y paso varias veces pero en todos esas veces se quedó callada y no pidió ayuda a nadie y que ya pasó fijamos que 1 año y le gustaría hablarlo pero ya sería demasiado tarde?

    • Primero quiero decirle a esa persona, o a cualquiera que esté en una situación similar, que no está sola. Y no, un año después no significa que sea demasiado tarde para hablar.

      Muchas víctimas no hablan en el momento. ¿Por qué? Porque tienen miedo, sienten vergüenza, piensan que nadie les va a creer, dependen de quien les hizo daño o incluso tardan en darse cuenta de que lo que vivieron fue violencia. Desde la psicología sabemos que estas reacciones son comunes y no significan que la violencia no haya ocurrido.

      Hablar cuando la persona se siente preparada también es válido. A veces ese momento llega meses o incluso años después.

      Ahora bien, hay que distinguir dos cosas: una es el proceso emocional y otra el proceso legal. En algunos casos todavía puede ser posible denunciar, y en otros dependerá del tipo de delito y de lo que establezca la ley. Por eso siempre es recomendable buscar orientación jurídica. Pero aunque la vía legal ya no fuera posible, nunca es tarde para buscar apoyo psicológico y empezar un proceso de recuperación.

      Quiero compartirles un ejemplo conocido: Sasha Sokol habló públicamente muchos años después de los hechos que vivió. Su caso nos recordó que muchas víctimas necesitan tiempo para poder contar su historia. El silencio no significa que no haya ocurrido; muchas veces significa que la persona estaba intentando sobrevivir.

      Y quiero que se lleven algo muy importante: si alguna vez ustedes o un amigo, una amiga, un familiar o cualquier persona vive una situación de violencia, pidan ayuda. No tienen que enfrentarla solos.

      En México existen instituciones que brindan atención gratuita y confidencial:

      911: si hay una emergencia o alguien está en peligro inmediato.
      Línea de la Vida: 800 911 2000, disponible las 24 horas, donde pueden recibir orientación psicológica y apoyo en situaciones de crisis.
      En Campeche, pueden acudir al Instituto de la Mujer del Estado de Campeche (IMEC):
      Teléfono: 981 811 2656
      Línea de atención: 079
      WhatsApp: 981 138 8800

      También pueden acercarse a un maestro, una maestra, al orientador escolar, a un familiar de confianza o a cualquier adulto que pueda ayudarles a dar el siguiente paso.

  5. Como podríamos ayudar nosotros como adolescente a otros amig@s y hacerles entender de las distintas violencias que ellos lo ven con normalidad

    • De muchas maneras, el primero es conocer nuestros derechos y aprendemos a identificar las distintas formas de violencia, dejamos de normalizarlas y podemos ayudar a otros a reconocerlas.

      Segundo, hablar con respeto, no juzgar. Si un amigo les dice: Mi novia me revisa el celular porque me ama o Mi novio decide con quién puedo hablar, en lugar de decirle que está mal o hacerlo sentir culpable, pueden preguntarle: ¿Tú crees que el amor necesita controlar?. A veces una buena pregunta hace reflexionar más que una burla.

      Tercero, respetar un No, no difundir rumores, no compartir fotos sin permiso, no hacer bromas que humillen y tratar a todas las personas con respeto.

      Cuarto, no ser espectadores. Si ven que un compañero está siendo víctima de burlas, acoso o cualquier tipo de violencia, no se queden callados. A veces basta con acercarse, decirle que no está solo o avisar a un docente o a un adulto de confianza.

      Y quinto, reconocer nuestros límites. Ustedes pueden acompañar, escuchar y orientar, pero no tienen que resolver solos una situación de violencia. Cuando el problema es serio, lo más responsable es buscar ayuda de un adulto o de una institución.

  6. Hola buenas tardes
    ¿Usted cree que también los hombres resiven
    violencia tanto que alas mujeres ?

    • Gracias por hacer esa pregunta, porque es muy importante. Sí, los hombres también pueden vivir violencia y también pueden sufrir mucho por ella. Nadie debería sentir que, por ser hombre, tiene que aguantar o quedarse callado.

      Muchas veces ellos no hablan de lo que les pasa porque les enseñaron frases como los hombres no lloran, tienes que ser fuerte o si pides ayuda eres débil. Eso hace que algunos vivan su dolor en silencio.

      Al mismo tiempo, sabemos que las mujeres enfrentan con mayor frecuencia ciertas formas de violencia relacionadas con las desigualdades de género. Por eso existen programas y políticas específicas para atender esa realidad.

      Pero cuando una persona está sufriendo, lo primero que debemos hacer no es preguntarnos si es hombre o mujer, sino cómo podemos ayudarla. El dolor no compite. Si un hombre es víctima de violencia, merece ser escuchado y apoyado. Si una mujer lo es, también merece ser escuchada y apoyada.

      Al final, el mensaje es el mismo para todas y todos: ninguna persona merece vivir violencia. La empatía consiste en creerle a quien pide ayuda, acompañarlo y buscar que reciba el apoyo que necesita, sin importar su sexo o género.

  7. ¿Cómo puede darse a conocer la información con el objetivo de concientizar a más personas sin que se sientan ofendidas o les de miedo externar su situación

    • La mejor manera de concientizar no es haciendo sentir culpable a la gente, sino haciéndola reflexionar. Cuando una persona se siente juzgada, normalmente se pone a la defensiva. Pero cuando se siente escuchada, es mucho más fácil que se abra al diálogo.

      Por eso hablaría de situaciones cotidianas, de esas que muchas personas han vivido sin darse cuenta de que son violencia. Por ejemplo: ¿Alguna vez te han revisado el celular sin permiso? o ¿Has sentido que no podías decir que no por miedo a que se enojaran contigo?. Esas preguntas ayudan a que cada quien haga su propia reflexión.

      También es muy importante evitar frases como ¿por qué no te fuiste? o ¿por qué no denunciaste?. En lugar de eso, podemos decir: Gracias por confiar en mí, Te creo o No estás solo o sola. Esas palabras pueden darle a una persona la seguridad para pedir ayuda.

      Y algo que nunca debemos olvidar es que la violencia no define a una persona. Haber vivido violencia no significa ser débil; al contrario, muchas personas han sobrevivido a situaciones muy difíciles y necesitan apoyo, no ser juzgadas.

      Finalmente, creo que la mejor forma de llegar a más personas es usando el mismo lenguaje que ustedes utilizan: redes sociales, videos, podcasts, campañas en la escuela, obras de teatro, música o incluso memes con mensajes positivos. Cuando la información es cercana, respetuosa y fácil de entender, llega mucho más lejos.

  8. Hola buenas tardes, me pareció muy interesante su ponencia pero me surgió una duda, desde su punto de vista, usted considera que en unos años pueda disminuir esta violencia o pueda agravarse?

    • Yo creo que es una duda que todos nos hacemos. Desde mi punto de vista, tengo esperanza de que la violencia pueda disminuir, pero eso no va a ocurrir por sí solo; depende de lo que hagamos como sociedad.

      La violencia siempre ha existido. La diferencia es que hoy la vemos más porque las personas se atreven a hablar, porque hay más investigación y porque como sociedad hemos empezado a reconocer conductas que antes se normalizaban.

      También hay una diferencia muy importante con respecto a generaciones anteriores: hoy contamos con leyes, instituciones y mecanismos para proteger los derechos de las personas. Aún hay mucho por mejorar, pero antes muchas víctimas ni siquiera tenían a dónde acudir o no existían protocolos para atenderlas.

      Por eso creo que nuestra tarea no es vivir con miedo, sino vivir informados. Entre más conocemos nuestros derechos, más fácil es identificar cuándo una conducta es violencia, poner límites, pedir ayuda y también apoyar a otras personas.

      La sensibilización y la información son nuestras mejores herramientas. Cuando aprendemos a reconocer la violencia, dejamos de normalizar frases como los celos son una prueba de amor o así son todas las relaciones. Y cuando dejamos de normalizarla, empezamos a prevenirla.

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